domingo, 22 de enero de 2012

Vida de Cristal




Un espacio amplio, luz tenue, clima templado, ligera humedad, calma. Se aproximan a la sensación que me daba el leer Tokio Blues aunque estuviera en medio del tránsito o camino al trabajo, acciones cotidianas que incluye Murakami en el desarrollo de la historia, que a través de sucesos tan comunes va dándole un sentido más trascendente de lo que aparenta.

Más allá de la trama y de los personajes me quedan varias impresiones: una de ellas es la disciplina en el estilo de vida de los japoneses, que por medio de sus descripciones pude quedar pasmado en varias ocasiones ante la amplitud de actividades que desarrollan en su etapa de crecimiento, y que gracias al régimen que se auto-imponen son capaces de comprenderlas y llegar a dominarlas, en mi opinión a un nivel mucho mayor que en los países latinoamericanos, dándose el lujo todavía de la humildad, pues con todo y las diversas personalidades es un rasgo que todos tienen en común.

Me asombra también la profundidad psicológica en la que el autor te va sumergiendo de modo que intentas entender los procesos que mueven cada arco argumental; algo así como transfigurar un caso clínico, de redacción fría y precisa, en una pintura detallada y sensitivamente más cercana al público, resultando una identificación emocional real entre éste último y la vida inventada de los actores de la obra.

Algo notable es el trato que se le da a las funciones corporales pues, similar a Aldous Huxley, se habla de ellas de la manera más normal posible, y no sé si es una característica literaria de los autores novelescos contemporáneos pero eso me hace pensar; no existe el menor embarazo en hablar de erecciones, fluidos, penes, vaginas, placer meramente corpóreo, y es que por qué rayos nos complicamos en escribir acerca de ellos en medio de lo romántico, como si fuéramos ignorantes de éstas sensaciones , tan comunes a todos y tan vergonzosas en público, habladas o escritas. En la lectura no hay gran diferencia entre un beso y un orgasmo, ni entre caricias y lubricación, siendo reacciones unas de las otras, tan naturales y satisfactorias, que terminan siendo un goce para el lector.

Escribe Murakami con una honestidad transparente, cristalina, como si dejara ver a propósito la vida de su pueblo, mostrando con un orgullo descarado a su propia gente, sus ideas y sus dogmas, su forma de actuar; y espero no fallar al decir que puedes observar a Japón mismo, y llegas a vivir aunque sea un ratito junto con ellos.

Pero lo más rescatable del libro es la idea del flujo, un flujo psico-emocional y energético necesario para seguir viviendo, que se va mostrando como la mejor manera para disfrutar los momentos que constituyen nuestra existencia. Nada de aferrarse ni a las personas ni al pasado, dejar a los sucesos atravesarnos en tiempo y en espacio, sí, sentir las emociones en la intensidad que les corresponde, sentirlas bien para poder abandonarlas, que corran e invadan a quien tengan que invadir, dejando en nosotros el hueco útil para lo nuevo, para lo que sigue.


Si me preguntaran “¿de qué trata el libro?” respondería “de seguir viviendo”.












Murakami, Haruki (2005) "Tokio Blues / Norwegian Wood". Tusquets Editores México. México.

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